Cómo me gusta No Man’s Sky

El universo no tiene sentido, ni falta que le hace.

No Man’s Sky es quizás el título más controvertido de los últimos tiempos, y uno de los pocos que a mi entender merecen la etiqueta de “no dejó a nadie indiferente”. Esta paradoja del décimo arte suele ser sinónimo para muchos de todos los vicios que aquejan a esta industria; Sean Murray es un vendedor de humo, el estudio no estaba preparado, Sony presionó demasiado, las expectativas estaban demasiado infladas. Si, todo esto es probablemente cierto, y seguramente más cosas también lo sean. Y sin embargo…

Qué bonito es No Man’s Sky. Lo digo en serio, me encanta. Afortunadamente para mi el hype apenas me tocó de refilón. No tenía expectativas creadas cuando llegó a mis manos unos cuatro meses después del lanzamiento. Y me cautivó desde el principio. Esa soledad que consigue transmitirte, un sentimiento de insignificancia cósmica que roza el terror si piensas demasiado en ello. Me explico.

No Man’s Sky hace muchas cosas muy bien, la principal para mi es que es un juego que consigue darte miedo si te lo tomas demasiado en serio. Si te sumerges de verdad y entras en el juego en el te quiere meter llegas a un planeta, empiezas a recolectar elementos cuyos nombres y definición no te están diciendo nada que tenga sentido para ti (la nave necesita Plutonio para funcionar ¿Por qué? Pues por que la nave te lo ha dicho, no lo cuestiones, da igual, es así. Punto.), escaneas animales alienígenas a menudo rayanos en el absurdo para obtener una definición que, una vez más, no tiene sentido alguno para ti. Pero sigues haciéndolo al entrar en la dinámica meta del videojuego.

No quiero decir con esto que el juego “enganche” por el sistema clásico de logro/recompensa, no. Su belleza radica precisamente en esa carencia, empiezas, juegas un rato y entonces reparas en lo fútil de tus esfuerzos. Has conseguido salir al espacio, esperando encontrarle un sentido a todo aquello que se te ha mostrado y has aceptado por pura necesidad de seguir adelante. Y entonces sucede, las respuestas están ahí, pero no son respuestas satisfactorias, es información sin sentido que eclipsa a la información insatisfactoria que has obtenido previamente, explicaciones vacías de significado dadas por razas alienígenas que asumen con tal naturalidad su existencia que te obligan en cierto modo a aceptarla sin comprender su contexto.

El juego está tan obstinado en su propia lógica que enigma tras enigma das por sobreentendido que las cosas funcionan así porque así es como funcionan. Y de este modo cada vez te sientes más pequeño, más ignorante, más solo. Sigues adelante sencillamente porque puedes hacerlo, buscas un objetivo, una meta, pero cada vez queda más claro que la meta es el propio camino. No Man’s Sky es una obra de arte por el mero hecho de que el arte imita a la vida. Avanzas por inercia y de vez en cuando encuentras una atracción que te permite disfrutar temporalmente, y luego sigues porque albergas la esperanza de encontrar algo más.

En esto consisten las expansiones que Hello Games ha ido introduciendo en el título, construye una casa, explora con vehículos, completa misiones. El mensaje que grita en silencio es “sigue adelante”. El centro de la galaxia te espera, pero en realidad es irrelevante. El final es un nuevo comienzo porque el camino existe independientemente de que haya caminante o no. No Man’s Sky no te necesita como jugador. Es un fracaso comercial, un batacazo del que el estudio probablemente no se recuperará jamás. Esa es su belleza, dedicarle tiempo a un ejercicio de futilidad. Por eso me encanta, porque es como la vida misma, sigues adelante en busca de respuestas mientras una parte de ti sabe que nunca las vas encontrar. Y da miedo. El miedo a tu propia ignorancia, a que tu única certeza sea que se te escapa algo y no saber de qué se trata. El terror básico de sospechar que en realidad no importas. Pero cuando cruzas sistemas a la velocidad de la luz, sales victorioso de una batalla espacial en un sistema sin nombre y encuentras las verdes praderas junto a un lago en un planeta en el que probablemente ningún otro jugador ha estado ni volverá a estar jamás sientes que el miedo, la inseguridad y la frustración han valido la pena por ese breve destello de belleza.

Sigo dedicándole unas cuantas horas a la semana y no, no he llegado al centro de la galaxia, ni creo que lo haga. Sería absurdo hacerlo.

profile picture Germán G. Guirao - 21-01-2018

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